POR DOREEN COLONDRES
Enero suele venir acompañado de listas: lo que dejamos, lo que quitamos, lo que “no deberíamos” hacer. Entre ellas aparece el famoso Dry January. Pero más allá del mes o de la moda, hay una conversación que me interesa mucho más: cómo bebemos y por qué.
Cuando quitamos el alcohol de un cóctel, no quitamos la experiencia. La reconstruimos con zumos frescos, hierbas aromáticas, burbujas y un toque de amargor. Un buen mocktail no es un jugo. Es balance, aroma y placer… pero con intención.






