Hace un tiempo que no compartía unas palabras con ustedes a través de esta plataforma, pero hoy, mientras nos tomamos un café, los invito a acompañarme en esta reflexión.
Gracias al trabajo que realizo, en muchas ocasiones hemos compartido un café juntos y, sin importar el género o la edad, hay unas palabras que se repiten constantemente: “Yo nací aquí y no me quiero ir.” Frase que, en ese mismo orden o parafraseada, surge una y otra vez en nuestras conversaciones. Y son ustedes mismos quienes, día tras día, se levantan, se toman su taza de café y se arremangan las mangas para quedarse aquí, en su tierra.
Sin embargo, eventos que no están bajo su control son, lamentablemente, los que a menudo obligan a muchos a abandonar el país. El constante aumento en la factura de la luz, el pobre servicio —cuando lo hay— de agua potable, nuestras carreteras estatales a oscuras y, ni hablar, del estado de las vías que recorremos todos los días hacia nuestros trabajos; nuestros jóvenes y adultos sin acceso a una vivienda digna, y un gobierno que improvisa.
Nosotros hacemos nuestra parte. Contribuimos al entorno donde vivimos. Pero, ¿y los políticos electos? Esos que, gracias a nuestros votos, están llamados a trabajar. Hace un tiempo, una buena amiga me dijo: “La política no es un club social donde solo se hacen actividades, se toman fotos y se realizan ferias.” Tomando sus palabras, y sin restar mérito a esas actividades, muchas veces es como darle una paleta a un niño que tiene hambre: un parche temporal para un problema mucho más profundo.
Los temas que nos afectan necesitan atenderse con profundidad. Los problemas no se resuelven con parchos. Y cuando se atienden superficialmente, tarde o temprano, con los recursos ya invertidos, se malgastan porque hay que volver a trabajar el mismo problema que ya se había comenzado.
Es momento, mientras nos tomamos nuestra taza de café, de ir tomando notas y reflexionando sobre cómo vemos a la clase política: si solo colocan parchos o si verdaderamente están trabajando. Mientras seguimos con nuestra taza de café, mantenemos la esperanza.