Hoy resulta común encontrar consumidores interesados en conocer el origen de su café, las variedades cultivadas, los métodos de preparación y el trabajo de los caficultores. Sin embargo, hace apenas 18 años esa conversación prácticamente no existía en Puerto Rico.
Cuando Hacienda San Pedro Coffee Shop abrió sus puertas en Santurce en 2008, el concepto de café de especialidad era desconocido para gran parte del público. Mientras el mercado estaba dominado por cadenas internacionales y el origen del café pasaba desapercibido, la empresa puertorriqueña decidió apostar por un modelo innovador, conectar al consumidor directamente con la finca y demostrar que el café producido en Puerto Rico podía competir con cualquiera de los mejores cafés del mundo.
Ese modelo, que hoy se conoce internacionalmente como “de la finca a tu taza”, fue uno de los primeros en establecerse en la Isla, convirtiendo cada visita al coffee shop en una experiencia donde el cliente no solo disfrutaba una taza de café, sino que conocía su historia, el proceso de cultivo y el esfuerzo de las familias caficultoras.

Detrás de esta visión se encuentra una familia dedicada al café durante más de tres generaciones, con el legado iniciado por Roberto Atienza, una de las figuras más respetadas de la industria cafetalera puertorriqueña, encontró continuidad en Rebecca Atienza, quien transformó décadas de conocimiento agrícola en una experiencia moderna, educativa y centrada en resaltar la calidad del café puertorriqueño.

“Hace 18 años comenzamos con una idea que parecía muy ambiciosa para ese momento, lograr que las personas se enamoraran del café puertorriqueño conociendo su origen y valorando el trabajo de quienes lo cultivan. Hoy vemos consumidores mucho más educados, interesados en apoyar el producto local y orgullosos de nuestro café. Haber contribuido a ese cambio cultural es, sin duda, nuestro mayor logro”, expresó Rebecca Atienza, propietaria de Hacienda San Pedro Coffee Shop.
Durante casi dos décadas, Hacienda San Pedro ha servido miles de tazas de café cultivado en las montañas de Jayuya y ha recibido a generaciones de clientes que han hecho del establecimiento parte de su vida cotidiana. Lo que comenzó como una cafetería se convirtió en un punto de encuentro para estudiantes, profesionales, turistas, empresarios y familias que buscan una experiencia auténticamente puertorriqueña.
Más allá de su éxito comercial, la empresa ha contribuido a fortalecer el reconocimiento del café puertorriqueño como un producto de alto valor, apoyando directamente la producción agrícola local y promoviendo una mayor apreciación por el trabajo que realizan los caficultores de la Isla.

La historia de Hacienda San Pedro también es reflejo de la resiliencia del empresariado puertorriqueño. En estos 18 años ha superado recesiones económicas, huracanes, terremotos, una pandemia y profundas transformaciones en el mercado, manteniendo intacto su compromiso con la calidad, la sostenibilidad y el desarrollo de la industria cafetalera.
El aniversario representa también un homenaje a quienes han acompañado este recorrido. Clientes que descubrieron el coffee shop en sus primeros años hoy regresan con sus hijos; empleados que han crecido junto a la empresa; suplidores, agricultores y colaboradores que han hecho posible que el proyecto continúe evolucionando.

“Cada taza que servimos representa el esfuerzo de muchas manos: nuestros agricultores, nuestro equipo de trabajo y nuestros clientes, que durante estos 18 años han decidido apoyar un producto genuinamente puertorriqueño. Ese respaldo nos inspira a seguir innovando y llevando el nombre del café de Puerto Rico cada vez más lejos”, añadió Atienza.
Al alcanzar su mayoría de edad empresarial, Hacienda San Pedro Coffee Shop reafirma su compromiso de continuar innovando, educando y promoviendo la excelencia del café puertorriqueño, convencida de que el futuro de la industria comienza valorando nuestras raíces.
Dieciocho años después, Hacienda San Pedro no solo celebra un aniversario, celebra haber ayudado a transformar la manera en que Puerto Rico entiende, consume y aprecia su café.

