POR VICTORIA ROSANO
Mientras cada vez más estudiantes recurren a herramientas de inteligencia artificial para hacer tareas, la conversación no debería centrarse en prohibir la tecnología, sino en enseñar a las nuevas generaciones a desarrollar criterio, pensamiento crítico y liderazgo.
La escena se repite cada vez con más frecuencia en miles de hogares. Un padre observa cómo su hijo abre ChatGPT antes de intentar resolver una tarea y lanza la misma pregunta que preocupa a muchas familias: ¿la inteligencia artificial está haciendo que nuestros hijos dejen de pensar?
Es una inquietud válida. Sin embargo, quizá estamos haciendo la pregunta equivocada. El problema no es que los jóvenes utilicen la inteligencia artificial. El verdadero desafío es entender para qué la están utilizando. Si un estudiante recurre a la IA únicamente para evitar el esfuerzo, copiar respuestas o resolver cada problema, sin involucrar su propio razonamiento, corre el riesgo de desarrollar una peligrosa dependencia tecnológica. Poco a poco, deja de analizar, cuestionar y construir criterio propio.
Pero existe otra realidad completamente distinta. Cuando la inteligencia artificial se utiliza como una herramienta para investigar más profundamente, contrastar información, explorar nuevas perspectivas y fortalecer las propias ideas, deja de ser un atajo y se convierte en una ventaja competitiva.


